Recorriendo un poco esta vasta patagonia, no como otras veces cuando lo hacia a dedo (aventon), sino esta vez en auto y con dinero para comer y dormir. Me puse a analizar algunos cambios desde aquellas épocas a finales de los ochenta, cuando aun no había ingresado en el mundo de la marginalidad social. Si bien en ese entonces estaba marginado, lo era por autodeterminación. Las extensas llanuras barridas por el viento patagonico continuaban iguales, como hace siglos, salvo la cinta asfáltica, los alambrados , tranqueras y los cables de alta tensión, no se notaba el paso de la humanidad por esos lares. Como un oasis a la vera de la ruta, un bar, al que sedientos entramos con mi compañero de viaje a tomar alguna bebida. éste ingreso primero y pidió una cerveza y como yo conducía me pregunto en voz alta - un agua vas a tomar -, por el instinto de supervivencia desarrollado en la Cárcel, eche una mirada a los parroquianos y camioneros, y solo atine a decir - agua toman los sapos, sírvame un vino tinto- y agregue - tomemos un vino amigo- , accediendo mi compañero, nos ubicamos en una de las mesas, por lo bajo me dice - que le pasa amigo -, - nada, nos ve como nos miran todos, en estas soledades somos objeto de análisis, si nos vamos a quedar un rato no voy a tomar agua estos van a pensar que somos maricas jaja,. Un paisano arreador de ovejas según escuche sin mirarnos mantenía su atención en todo los gestos y hasta parecía que sus oídos se movían cual radares tratando de escuchar nuestra conversación, que no era importante pero los comentarios nuestros eran justamente referidos a ese extraño lugar; atendido por dos hermanas a las que el clima y el tiempo maltrataron sus dotes femeninas convirtiéndolas en cuasi hombres.
Me admire de como en ese lugar entraban turistas y me puse en lugar de observador como el paisano y cada persona o grupo de estas que pedia algo en el mostrador, denunciaba su condicion social, su educacion, sus costumbres con tan solo mirar sus prendas y escucharlos hablar, por instante pense que lejanos estabamos todos a pesar de estar bajo el mismo techo, la gran mayoria con su mirada atenta a los celulares en busca de una señal inexistente se alejaba raudamente al solicitar algo en el mostrador, como si ese lugar fuera maldito. Nos fuimos nosotros tambien saludando con la mano a los paisanos y las viejas hermanas agradeciendo su hospitalidad ( nos habian elaborado unas milanesas). y me quede pensando que seguro el paisano en su humildad y pobreza se sentia superior a todos nosotros, y seguro que si por que no sabe de ciudades en donde la raza humana se autodestruye en el consumismo desenfrenado y las competencias sociales, en donde ya se encuentran enterrados hace rato la hospitalidad, los valores, la confianza, la solidaridad, el respeto y la igualdad y solo existe un pueblo en común con sus ovejas . Que pena me da !!!.-